DILO TU, QUE A MI ME DA LA RISA
Era previsible que tras la abultada victoria electoral del PP el 22M, se incrementase la presión de la derecha reclamando un adelanto de las Generales. Mariano Rajoy lo había convertido en monotema de sus contadas presencias parlamentarias, y el acompañamiento mediático no le ha ido a la zaga al respecto, o viceversa. Ahora bien, en ningún momento llegué a plantearme la posibilidad de que el Partido Popular pusiese todo su aparataje institucional, que es mucho, al servicio de la consigna de Génova, y para desdoro de la dignidad de parlamentos, y de gobiernos autonómicos y municipales, no han tenido recato alguno en hacerlo.
La secuencia ha sido tan sencilla como efectiva: una primera salida en tromba denunciando falsos inmensos agujeros económicos en las instituciones en las que había gobernado el PSOE hasta el mes de mayo (es curioso porque los suyos, mucho más verosímiles están en manos de los tribunales); una posterior justificación de incumplimientos de los compromisos adquiridos durante la campaña, porque tal y como habían dejado los socialistas las cosas, va a ser imposible hacer nada de lo dicho (ni siquiera tuvieron la delicadeza de esperar unos meses para empezar a incumplir); una subsiguiente catarata de recortes sociales y subidas de impuestos(todos los que los alcaldes y presidentes populares habían jurado que no harían mientras fueron candidatos); y por último un órdago al Gobierno de España, amenazando con devolver competencias en materia de justicia, de sanidad o de educación, si éste no deroga el precepto legal que obliga a las CCAA a pagar sus deudas como a todo hijo de vecino (una suerte de recentralización del Estado, de la que mucho ha hablado Aznar en los últimos meses).
Tal parece que el PP está abjurando del Estado de las Autonomías, pero que lo dice sin decirlo, al estilo Rajoy; porque si se está diciendo lo que estamos oyendo, lo que se propone es sencillamente una nueva Constitución. Pero tampoco el candidato popular quiere espantar a CiU, por si le hiciese falta, que nunca se sabe, y están ahora en un apasionado cortejo que no conviene frustrar haciendo un feo a la pareja ilusionada.
