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SANTA BÁRBARA Y LOS TRUENOS

La sociedad debe exigir al político sentido de la anticipación. Y bien sabemos hoy que si algo reprochan los ciudadanos de los distintos países a sus Gobiernos, es precisamente el no haber visto llegar con antelación la crisis que se avecinaba.

En los tiempos pasados de la prosperidad económica y del boom inmobiliario, eran tachados poco menos que de fundamentalistas todos aquellos que abogaban por una política del suelo más sostenible, o por unos planteamientos menos faraónicos en la gestión del agua, o por un giro hacia la socialización en el modelo energético. Eran tiempos en los que el único verde que estaba bien visto era el del dólar. Aún así llegó el PSOE al Gobierno de España con un programa contra corriente, un planteamiento político que hoy podemos decir que se anticipó a esta crisis, y que si en algo falló fue en no haber marcado más ritmo y más intensidad en las reformas.

Los últimos barómetros sobre la preocupación ciudadana nos dicen que los españoles saben de que va el asunto del Cambio Climático, pero que sin embargo es un tema que no está en el núcleo de los problemas para los que se reivindica una atención prioritaria. Y aquí recuerdo lo de que un político debe tener sentido de la anticipación, y no precisamente porque no haya una contundente evidencia de que el Cambio Climático lleve ya algún tiempo instalado entre nosotros, sino porque no podemos permitirnos esperar a que los ciudadanos coloquen la lucha contra el calentamiento del Planeta en la cúspide de sus urgencias, porque en ese momento ya no estaríamos ante una preocupación conceptual, sino ante una emergencia vital. Esto es, estaríamos ante un fracaso irreversible de la Política.

Los socialistas tenemos la obligación de anticipar la centralidad de la Política Climática, y además debemos decirles a los ciudadanos que mañana será demasiado tarde para aplicarla, y debemos hacerlo con la suficiente claridad para que el mensaje se entienda y consiga la suficiente complicidad, porque no nos jugamos nuestro futuro político, nos jugamos el futuro de la gente.