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SE TRATA DE SABER CAMBIAR

 El PSOE celebra su XXXVIII Congreso Federal en Sevilla en menos de un mes. Los tiempos de convulsión vividos en la escena internacional en estos últimos tres años nos han obligado a todos a repensar muchas cosas. Indudablemente la sociedad ha cambiado y mucho en este tiempo, y un Partido que se precie de representar y verse representado en esa sociedad no puede permanecer al margen de las reflexiones de la gente, de su gente.

Los cambios últimos se han producido a una velocidad vertiginosa para lo que veníamos estando acostumbrados, y todo apunta a que esos serán los ritmos en que se manifiesten las mutaciones sociales a partir de ahora. Indudablemente, las nuevas tecnologías han propiciado una revolución en el mundo de la comunicación, de la opinión y de la movilización, de tal suerte que ya nada será lo que era. La sociedad ha de adaptar sus ritmos a los tempos de esta nueva realidad, y el Partido Socialista ha de hacerlo con ella y para ella.

Dicho esto, no creo que deba ser nuestro próximo Congreso una cita para propiciar el “gran cambio” al que muchos fían el poder sanador de todos los males; y es que el cambio que pudiésemos hacer nacería con una fecha de caducidad tan corta, que antes de que nos diésemos cuenta tendríamos que estar gestando ya el siguiente cambio. Creo más bien que se trata de preparar la Organización para una transición, una transición que debería hacerse con cierta tranquilidad y sosiego, porque se trata de adaptar nuestras inercias ya seculares a otros modos de hacer.

En resumen, no se trata de cambiar al Partido, sino de enseñarle a cambiar, a convivir con el cambio, porque esos son los nuevos tiempos que se abren, tiempos de cambio permanente, y tenemos que aprender a avanzar con la sociedad para seguir aspirando a liderar cada avance que la propia sociedad demande. 

Y además es esta una tarea que no podemos, ni debemos, afrontar en solitario. Cada vez más las cosas cambian para todos, y también cada vez más lo hacen de forma acompasada. Esto es, nos colocamos ante un reto común para toda la socialdemocracia, y es que si algo hemos aprendido de la crisis, es que esta es la crisis del modelo capitalista, al que no ha habido más remedio que responder con medidas paliativas de corte liberal, porque en el fondo nos habíamos venido limitando a convivir con el capitalismo sólo para hacerle algo más amable, y ya es hora de construir un modelo con identidad propia, nítidamente diferenciado del que acaba de hacer crack, porque si no lo hacemos nosotros, volverán a las andadas, y en nuestro país no se ocultan las intenciones, querían volver al modelo del 96 y no están perdiendo el tiempo para retornar a él lo antes posible. 

Administremos con prudencia el presente, para facilitar una transición inteligente, que desemboque en un futuro ilusionante.